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Hospitales y comités de bioética

Se conviene en admitir que el hospital es el espacio físico concebido por la sociedad para encarar las enfermedades y procurar el restablecimiento de la salud. Espacio que es territorio geolocalizable, plantas graníticas o de hormigón, relucientes o desvencijadas, reductos con pasillos y salas, donde con mayor o menor frecuencia acude la gente cuando se siente enferma. No hay otro lugar, al menos tan predilecto, a donde ir en caso de enfermedad. Pero se convalida también que el hospital es ese dispositivo radicalmente humano donde existen unas personas que atienden o asisten a otras personas en la conjugación de los verbos cuidar, diagnosticar y tratar.

Tal como lo conocemos hoy en el hospital converge sustancialmente la praxis sanitaria en su acepción más amplia. La sociedad en su conjunto repone diariamente la llamada confianza social al hospital para realizar en su seno lo relativo a procesos que conllevan al abordaje de la enfermedad y su decurso diagnóstico y terapéutico. 

En esa ardua relación de confianza entre sociedad y hospital se ratifica que el nosocomio son las personas que co-construyen un "mundo de experiencias subjetivas", que aún en medio del predominio de los universos clínicos y administrativos, resignifican posibilidades para un escenario donde la bioética pueda establecer .-entre otras cosas- los nexos mínimos de coexistencia con los mencionados universos clínico y administrativo.

Para el énfasis humanista en el hospital, para ese hospital de las personas y no solamente de los números ni los antibióticos, es menester que se hable de bioética, lo mismo que se delibera de clínica patológica o de nuevas biotecnologías; o de gasto y administración, o de política como sinónimo de carencia. Del mismo modo que un hospital, para tener una vida clínica o administrativa intensa, necesita celebrar sesiones clínico-patológicas, auditorías de servicios y conferencias de avances contra la mortalidad, necesita también, y, además, sesiones de bioética para la clínica. 

Es esencial que se disponga de deseo, de tiempo y de recursos para provocar la reflexión en atmósfera bioética. En tal sentido difundir información y sensibilizar las conciencias ante los augurios tiránicos del presentismo, o el urgentismo, en el hospital puedan emprenderse las etapas de desarrollo moral que debe recorrer para albergar y luego consolidar al hospital humanista que propugnamos. 

Algunos atisbos indican cambios a favor de esta inquietud. Proliferan, por ejemplo, los comités de bioética hospitalarios y no es un dato trivial, pese a que muchos aún no tengan trabajo o enfoque. Se reconoce que son los comités de bioética, quienes trazan algunas coordenadas de inclusión de la bioética dentro de las instituciones de cuidado como el hospital. 

En los comités de bioética hospitalarios se tienen pendientes principios bioéticos en procesos deliberativos sobre dilemas intrahospitalarios, muchos de los cuales aún en trances difusos, pero donde subyace la necesidad de la bioética para la clínica; y el ejercicio de sus funciones donde está implícita la misma, aportando una nueva situación de análisis comprensivo. 

Es decir, se comprende que los valores se imbrican en los principios bioéticos y se concluye en sistemas de interrelación compartidos entre profesionales sanitarios y personas en trance de enfermedad, en un escenario considerado imprescindible para hacer el bien compartido o el no hacer daño, como debe ser siempre el hospital. Es la reivindicación, en tanto sentido ontológico, de un humanismo compartido, en la acepción bioética intransferible e insoslayable de la preservación de la dignidad humana en un sitio donde es (nunca olvidarlo) razón de ser.

El cuidado sanitario por lo demás está ligado irremisiblemente a la vida, pues ésta, sin cuidado, se pierde, no se mantiene. La fábula-mito 220 de Higinio, que moldea al ser humano como un ser esencialmente de cuidado, es reveladora de tal aserto pre-ontológico. La bioética para la clínica en el hospital de las personas –debe ser- la bioética del cuidado, pues busca esencialmente proteger, potenciar, preservar, prevenir y consecuencialmente curar o sanar. Por su naturaleza no es agresiva y cuando interviene en la realidad lo hace tomando en consideración las consecuencias de la intervención en su objetivo último que es el reconocimiento de la diversidad y la emergencia deliberativa de los consensos en las acciones humanas. 

La bioética para la clínica, es imperativa en tanto responsabilidad y no invalida las demás éticas, pues procura espacios para la interdisciplinariedad en la causa principal que es salvaguardar la vida y preservar la dignidad de las personas hasta en su deceso. Tradiciones o hábitos de actuación de profesionales sanitarios; experiencias cotidianas de interrelación con el otro, que es persona: el trato cabal y digno con personas que en ese momento cronológico son pacientes; la disponibilidad y empatía para escucharles; la motivación con que se acude al hospital para disponerse a honrar el pacto de cuidados con la persona que es paciente y el sentido de la responsabilidad que debe prevalecer.

Se comprende también -y finalmente- que la vida ética de los hospitales es un asunto de gran complejidad. El carácter ético de los hospitales, lo definen las personas que en él trabajan. El modo de realizar su función y deber cada profesional sanitario, y esta realización puede ser diversa, en tanto profesiones coexistan en el nosocomio. Allí reside la complejidad y la subsecuente necesidad de consensos para que sea viable una institución social como el hospital. Para ello es prudente articular espacios cotidianos (estables, perdurables y no episódicos) deliberativos desde la mesura imprescindible sobre las problemáticas y comportamientos que ineludiblemente surgen en el seno del hospital. 

Digamos que para realizarse éticamente, para mantenerse dentro de principios bioéticos que otorguen nivel y calidad de servicio, para alcanzar a interpretar esa especie de brújula humanista del hospital vislumbrado, se necesita que las personas que lo construyen día a día, en una determinación colectiva de sinceridad y reconocimiento de las limitaciones personales e institucionales, para dotarse de abordajes resolutivos frente a los riesgos que afloran tras la ineficacia, la insensibilidad, la omisión o la autocomplacencia, por solo citar algunos de los despropósitos frente a los cuales la bioética puede ayudar a enfrentar y contribuir en tanto preservación del respeto a la dignidad humana como norte de la misión hospitalaria.

"Yo, ser viviente, humano, persona, heme aquí paciente. Reconozco que estoy enferma y en consecuencia aspiro (lo pido con paciencia, es decir, en uso del sustantivo) que me asistan con la verdad personas preparadas y competentes en afrontar la enfermedad, bien pagados (no de sí mismos) y, a ser posible, amables (aunque no entre en el sueldo) y que sean sensibles a estas lágrimas que no puedo controlar cada vez que vienen mis hijos a verme. Personas que si cometen un error (de los subsanables) que se disculpen, que todos nos equivocamos, y no pasa nada por disculparse. Personas que te miren a la cara cuando te hablan y te expliquen lo mejor que sepan qué te pasa. Personas que empaticen que el dolor difiere en cada ser vivo, pero en todos (es solo una creencia) comporta algo terrible y quizá no sepa expresarlo. Personas que no se dejen la delicadeza en la puerta de la consulta o del quirófano, que la delicadeza es invisible, pero se deja ver, y no molesta. Personas respetuosas, que no te despachen como si fueras un número en la charcutería. Y lo pido, porque soy una persona que si bien no sabe si vivirá un poco más aún guardo esperanzas como paciente respetuosa, educada, y hasta delicada, incluso con los que no se lo merecen."


Esquela dejada escrita por paciente, encontrada por aseadora debajo del colchón de cama clínica, en área de hospitalización del Hospital Oncológico Miguel Pérez Carreño, de Valencia, Venezuela, el 17 de agosto de 2017. A raíz de dicha nota se inició una investigación que culminó en una tesis doctoral titulada "Razón y significado del hospital como escenario bioético".

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