aulabioética

Inciso a la (bio)ética para la clínica

El aula se inscribe dentro de la apuesta-atisbo de ensanchar el conjunto de desplazamientos que abrevan de la antigua ética puesta en boga en aquel erario greco-romano, juntándose a la inmersión en la creciente fuente que ahora la humanidad, múltiple y diversa, propicia en situaciones incesantes que le son interesables, especialmente aquellas donde la salud y la enfermedad conjugan su envés en lo clínico a menudo indefectible.

Gustamos definir primero, acaso por aquella rigidez del ignorante que procura intrépido adentrarse en bosques exuberantes de la episteme disciplinar inalcanzable. La bioética no es la excepción. Mínimo faro en aula, para atestiguar la indubitable malla de relación entre la bioética y la clínica, especialmente la que irrumpe como necesidad en nuestros hospitales.

Es reconocido también que la denominada medicina clínica debe ejercerse con saber y sobretodo con prudencia, esa virtud ética con la que advertía Aristóteles a sus discípulos. Las decisiones que hay que tomar en el ejercicio de dicha medicina clínica, particulares, analizadas pormenorizadamente, a menudo en sustancias interdisciplinares, testimonian a diario y “caso por caso” la ligazón entre ética y clínica, tanto que suministra un método de “relación”, al que, incluso por comodidad semántica, es denominado el casuismo.

La temporalidad del casuismo registra la llamada probabilidad subjetiva, cuando ésta es sostenida por autoridades respetables en “saber y virtud”. La probabilidad subjetiva, es decir, las “decisiones” en torno a un caso con implicaciones ético-clínicas, se afianzó hasta finales del siglo XVII, y se circunscribía a criterios parciales, de autoridad o de respetabilidad, con escasa incidencia deliberativa interdisciplinar. Justamente en las postrimerías de dicho siglo, con el surgimiento de la teoría matemática, cobra pertinencia la probabilidad objetiva, iniciándose la apertura del proceso deliberativo moral, más allá del “saber y la virtud”, o de la “autoridad”, que se ha afianzado en nuestros días con la sinergia entre la bioética en la clínica y la teoría matemática de la decisión racional, presente en la base de la teoría de la probabilidad, especificada por muchos como la teoría de los juegos. Una decisión racional se tornaba válida de asumir pese a las incertidumbres. Sin certezas era posible decidir de modo racional.  

Digamos también que la bioética, en estas aproximaciones preliminares en el aula y por descarte de numerosos equívocos en su procurada significación, no debería, y como dato iniciático, estimarse como una especie de rango de moralina que pernocta como corpus estático en sepulcros inexpugnables. Aquel matiz diferenciador entre moral y ética creemos que no se considera todavía lo suficientemente establecido y por tanto es traído a colación en el aula. Distinguir también que la bioética no debería ser reducto de buenismos ni catálogo para ejercer de buen ciudadano; ni un esfuerzo ingenuo de bondad. Tampoco, una reunión de castos o redimidos para alcanzar la pureza de algún cielo. No pretendemos recorrer tampoco un recetario de soluciones para dilemas donde la ética nos apure. 

Preliminado esto, la bioética para la clínica, debería ser, se esgrime en este aserto y sin ambages, un instrumento deliberativo para dirimir conflictos de la vida humana ocasionados en buena medida por el incremento exponencial de la tecnología biomédica y lo omnipresente financiero en la gestión del cuerpo, enfermo o no, sumado a la incompetencia de Estados y políticos que gobiernan en la (des)aplicación de leyes y manifestado en la reducción de la ética de la justicia en la humanidad. 


Al inconmensurable bosque de la ética, acaso por comodidad disciplinar, no por ello menos razonable, el prefijo bio le connota a la ética cierto influjo vinculante con el campo de las ciencias de la salud, también llamadas ciencias de la vida. Es una creencia que deriva de una realidad semántica, que no deja de prestarse a divergencias y no pocos equívocos. El abordaje de los matices de la ética, el despliegue de principios de actuación de una bioética centrada en el cuerpo-vida del ser humano, la irrupción de consideraciones dotadas de cierta especificidad deliberativa en el ámbito sanitario, hacen considerar a la bioética en lo clínico. 

El universo de lo clínico, medular en la preservación del cuerpo con vida del humano, suma necesidades, cuando no urgencias, para considerar como necesaria a la bioética en el ámbito clínico. Se ha complejizado lo clínico, y en su contexto sanitario, pareciera no bastar lo otrora normativo o deontológico, lo legal o presupuestario, incluso lo legado de raíz hipocrática. Hablamos entonces de bioética clínica (si lo es y sin ánimo exclusivo) desde la clásica bifurcación entre la patología (considerada la ciencia de la enfermedad) y la clínica (el estudio de la enfermedad que afecta a una persona en particular) y cuando, por ejemplo, colocamos sobre la mesa deliberativa un abanico tan grande que puede transitar desde la indignidad del maltrato al paciente en su ingreso al reino de lo clínico en el hospital, hasta el alerta y el esfuerzo decididamente dignificador (¿humanizador?) por la erradicación de conductas omisivas e irrespetuosas del personal sanitario con los pacientes.  

Estos son atisbos de la amplitud de radio de interés disciplinar por la bioética clínica, como también lo puede ser el objetivo de finiquitar, mediante la aplicación de principios de la ética médica misma, el encarnizamiento de la industria salutista ante el paciente terminal; o al reojo social a la eutanasia y no así a los combates de boxeo o lucha en la tele o YouTube, así como la regulación de la industria farmacológica o a las perversiones implícitas en ciertos vericuetos del transhumanismo. 

Cuando la ley no es suficiente, ni siquiera útil, y cuando se barrenan los preceptos de justicia, importando escasamente la dignidad humana, es que la bioética como disciplina en construcción, y llena de posiciones encontradas, no por ello menos pertinentes, puede aportar, en marcos inter o transdisciplinares, elementos de diálogo y criterios consensuados en torno a soluciones de problemáticas que repercuten en la salud y la vida del contradictorio y genuino ser que se designa como humano.

La bioética, finalmente a este introito, puede (debe) ser una especie de dique necesario para que la dignidad humana sea posible en el recinto de lo clínico. Que las decisiones de lo deliberativo, tan propios a la bioética, sean lo más prudentes posibles y, al mismo tiempo, lo más ajustado al arte y la técnica que implica el ejercicio de lo clínico.  Que más allá del método casuístico (que es el método más utilizado por la ética clínica) exista siempre la posibilidad de que la vieja dignidad humana no sea desdeñada inmisericordemente en el cuerpo y la psiquis ¿Y todo esto de quienes y quienes depende?  En los intentos por recorrer posibilidades para la bioética en la clínica estriba el interés que nos anima desde el aula inquieta.

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